sábado, 26 de noviembre de 2016

TEMA 6: LA HIDROGRAFÍA

Bloque 4. La hidrografía.
La hidrografía es la rama de la Geografía Física que estudia las aguas de la superficie terrestre, tanto las marinas como las continentales y, en este último caso, las superficiales y las subterráneas.
El agua del Planeta está en un continuo movimiento y cambio en su estado físico, de forma que pasa de los océanos a la atmósfera y de aquí a los continentes para volver a los océanos. Forma así un circuito cerrado llamado ciclo hidrológico, donde los ríos juegan un papel fundamental.
España ofrece grandes contrastes hidrológicos, con fuertes desequilibrios en el reparto del agua, tanto espacial (distribución geográfica) como temporalmente (distribución estacional e interanual).
Esto, junto a otros factores, hace que España tenga una destacada diversidad hídrica.
1.     La diversidad hídrica de la península y las islas.
España es también un país de contrastes si hablamos de las características y el reparto de sus recursos hídricos. Baste recordar la clásica oposición entre la España húmeda y la España seca.
La diversidad hídrica está determinada por un conjunto de hechos geográficos, entre ellos:
EL CLIMA. La disponibilidad de agua responde, básicamente, al comportamiento climático de las distintas regiones. El agua de nuestros ríos, lagos, humedales y acuíferos procede del agua precipitada; por tanto, el volumen y distribución de ésta determina el caudal y la mayor o menor regularidad de los ríos. En función de esto podemos distinguir:
·  Los ríos de la España húmeda (clima oceánico) tienen un caudal regular y abundante a lo largo del año.
·  Los ríos de la España seca (mayoría de los tipos mediterráneos) son irregulares y menos caudalosos.
·  Los ríos de la región mediterránea árida del sureste tienen un escaso caudal y, a menudo, sufren fuertes crecidas y estiajes.
·  Nuestras islas, por la insuficiencia de las precipitaciones, lo reducido del territorio y su litología, carecen de auténticos ríos.
Pero también las temperaturas influyen sobre la red hidrográfica. Las altas temperaturas provocan pérdidas de agua por evaporación y evapotranspiración, lo que afecta sobre todo a las zonas del interior y sur peninsular durante el verano.
EL RELIEVE condiciona la organización de la red fluvial a partir de los siguientes hechos:
·  La divisoria de aguas entre las vertientes atlántica y mediterránea está situada en las cumbres de la Cordillera Ibérica y las Béticas. Esto, unido a la inclinación del bloque de la Meseta hacia el Oeste provoca una gran disimetría entre vertientes a favor de la atlántica. Por eso, salvo el Ebro, los grandes ríos peninsulares, aunque nacen más cerca del Mediterráneo, desembocan en el Atlántico.
·  La disposición periférica y muy cercana a la costa de la Cordillera Cantábrica, Costero Catalana, zona sureste de la Ibérica y Penibética hace que las cuencas de los ríos que nace en sus laderas orientadas al mar sean pequeñas y sus ríos cortos y de fuerte pendiente.
·  La pendiente determina la capacidad erosiva de los ríos, pues de ella depende la velocidad de la corriente y la rapidez de las crecidas. A su vez, la pendiente depende de la distancia entre la cabecera y el nivel de base de la desembocadura (a mayor distancia, menor pendiente), por eso la mayoría de los ríos cantábricos y mediterráneos tienen fuertes pendientes y son muy erosivos. Por contra, los ríos que cruzan la Meseta presentan poca pendiente y a veces pueden generar zonas endorréicas.
Pero también la existencia de lagos es consecuencia de una topografía que la propicie. Muchos de los casi 2.500 lagos españoles son muy pequeños y de aguas estacionales, al alojarse en pequeñas depresiones cerradas del terreno o, por contra son lagos de origen glaciar de zonas de montaña.
También la topografía en la Meseta (el escalón oeste es óptimo para el aprovechamiento hidroeléctrico) o las características de nuestras montañas facilitan la creación de obras hidráulicas.
·  La altitud también influye en el régimen hidrográfico. Con la altitud aumentan las precipitaciones (y por tanto el caudal) y la nieve de las cumbres hace que, con el deshielo, aumente también éste y cambie el régimen de los ríos.
LA LITOLOGÍA. Influye sobre las características de la red hidrográfica según el grado de permeabilidad y resistencia a la erosión de las rocas. Así, las rocas silíceas son poco permeables y muy resistentes, favoreciendo la escorrentía (*Escorrentía: Agua procedente de las precipitaciones o el deshielo que discurre libremente por la superficie del terreno hasta alcanzar un curso de agua). Las rocas calizas son permeables y solubles en agua carbonatada, por lo que es frecuente que el agua se filtre creando escorrentías subterráneas. Finalmente, las zonas arcillosas son muy impermeables y se caracterizan por la escorrentía superficial.
LA VEGETACIÓN retiene el agua de las precipitaciones, facilitando la infiltración y la humedad del suelo (favorece la presencia de acuíferos), evitando la erosión y disminuyendo el riesgo de inundaciones al retrasar la incorporación del agua a los cauces.
Esto significa que las zonas boscosas favorecen la riqueza hídrica. Por el contrario, las zonas desnudas tienen un menor grado de filtración y el agua de arroyada erosiona fácilmente un suelo que, además, está más sometido a la evaporación.
LA INTERVENCIÓN HUMANA. El hombre modifica las características de la red fluvial mediante la construcción de infraestructuras hidráulicas: embalses, presas, encauzamientos, canales…
La diversidad hídrica se hace patente en el balance hídrico de nuestras cuencas hidrográficas, con balances muy positivos en las cuencas de la vertiente cantábrica y gallega y las cuencas del Duero y el Tajo; reducirse hasta la situación de equilibrio (superávit o déficit según el año) en las del Guadiana y el Guadalquivir y ser un balance deficitario en todas las cuencas levantinas, del mediterráneo andaluz y ambos archipiélagos.
2.     Las vertientes hidrográficas.
     España cuenta con tres vertientes hidrográficas: la cantábrica (o Atlántica, Cuenca Norte), la atlántica y la mediterránea. Veamos sus características.
VERTIENTE ATLÁNTICA: CUENCA NORTE. Incluye las cuencas de los ríos gallegos, asturianos, cántabros y vascos del dominio climático oceánico. Los cursos fluviales son cortos, ya que nacen en la cara norte de la Cordillera Cantábrica, muy próximos a la desembocadura. Su cercano nivel de base hace que tengan mucha pendiente, lo que unido a su caudal abundante –a veces torrencial- y regular, debido a las elevadas precipitaciones, les da una gran fuerza erosiva. Son ríos de régimen pluvio-nival. Los vascos son muy regulares (Bidasoa, Nervión), los cántabros y astures muy erosivos (Deva, Nalón, Navia, Narcea) y los gallegos más suaves (Miño, Sil, Eo, Tambre, Ulla).
VERTIENTE ATLÁNTICA: SUS GRANDES RÍOS. Delimitada por la Cordillera Cantábrica, la Ibérica y las Béticas. Sus ríos están adaptados a la  topografía e inclinación de la Meseta, por eso son largos y de suave pendiente. Largos porque nacen en la Cordillera ibérica o las Béticas (zona oriental de la Península) y deben alcanzar el Atlántico después de efectuar un largo recorrido E-W obligados por la inclinación de la Meseta hacia el oeste. Como esa inclinación es suave, tienen escasa pendiente en buena parte de su curso. Estos ríos pertenecen al dominio mediterráneo (aunque algunos de sus afluentes lo son del de montaña) por lo que tienen un régimen irregular y un estiaje más o menos acusado. Dada la distribución espacial de las precipitaciones en España, disminuyen de caudal a medida que se sitúan más al sur, siendo la cantidad de agua que trasportan un reflejo de las condiciones climáticas de la España seca y de la irregularidad del clima mediterráneo. Su caudal absoluto es elevado, pero el relativo es modesto, ya que poseen cuencas muy amplias.
CUENCA O VERTIENTE MEDITERRÁNEA. Supone 1/3 del total del territorio y drena la zona delimitada por Pirineos, Cordillera Ibérica y cordilleras Béticas. Salvo el Ebro, que recibe los importantes recursos de sus afluentes pirenaicos e ibéricos, todos sus ríos son cortos, de cuencas reducidas y pronunciadas pendientes en buen parte de su curso. Ello se debe a la cercanía de los relieves a las costas (Costero-Catalana, sector oriental de la Ibérica y Subbéticas, y Penibética,) que limitan la longitud de los cursos.
La mayoría están en el dominio climático mediterráneo, lo que les concede pequeño caudal y acusada irregularidad, con fuertes crecidas y estiajes. Muchas veces son simples torrentes o ramblas (cauces que sólo llevan agua temporal u ocasionalmente).
LOS RÍOS Y LAS CUENCAS HIDROGRÁFICAS
De la VERTIENTE ATLÁNTICA NORTE (cantábrica y atlántica gallega) destaca el Miño. Nace en las montañas septentrionales de Galicia (Lugo) que recorre de norte a sur hasta unirse con su principal afluente, el Sil. Desemboca en Tuy, sirviendo de frontera con Portugal. Tiene algo más de 300 Km y es uno de los ríos más caudalosos de España, pese a que su cuenca es muy reducida.
En la VERTIENTE ATLÁNTICA propiamente dicha debemos destacar los ríos de sus grandes cuencas:
El DUERO. Tiene la cuenca más extensa, limitada por las cordilleras Cantábrica, Ibérica y Central, recogiendo las aguas de toda la submeseta norte. Nace en los Picos de Urbión (Ibérica) y desemboca en Oporto. En su último tramo se encaja profundamente en los llamados Arribes del Duero. Su régimen es pluvio-nival. Sus afluentes cantábricos (Pisuerga) son más caudalosos que los de la izquierda (Tormes)
TAJO. Drena la zona entre el Sistema Central, la Cordillera Ibérica y los Montes de Toledo. Es el más largo de España (1.200 Km): Nace en la Sierra de Albarracín (Ibérica) y desemboca en Lisboa formando un gran estuario. Afluentes más importantes por la derecha: Jarama. Tiene un régimen pluvio-nival
GUADIANA. Drena la zona entre los Montes de Toledo, Cord. Ibérica, Sª Morena y Subbéticas. Nace en los Ojos del Guadiana, cerca de las Tablas de Daimiel (Ciudad Real) y desemboca en Ayamonte (Huelva). La aridez del mediterráneo de interior y las zonas calizas que recorre justifican su caudal pobre e irregular y sus fuertes estiajes, en un régimen pluvial. Afluentes: Cigüela. En su cuenca se han construido grandes embalses, destacando el de La Serena, el mayor de España.
GUADALQUIVIR Drena la Depresión Bética, entre Sª Morena y las Béticas. Tiene un régimen pluvial y un caudal muy irregular. Nace en la Sª de Cazorla y desemboca en Sanlúcar de Barrameda tras recorrer las fértiles tierras de su depresión. Pasa por Córdoba y Sevilla. Sus afluentes de Sª Morena son cortos y poco caudalosos (Jándula, Guadalmellato) Por la izquierda recibe al Genil, que nace en Sª Nevada y tiene un régimen pluvio-nival.
Entre los ríos de las VERTIENTE MEDITERRÁNEA podemos distinguir:
El más importante es el EBRO. Tiene una extensa cuenca, delimitada por la zona más oriental de la Cord. Cantábrica, los Pirineos, la Cord. Ibérica y la Costero-Catalana. Nace en Cantabria, en Fontibre, y tras atravesar Logroño y Zaragoza desemboca cerca de Tortosa formando un Delta. Es un río caudaloso, sobre todo por el aporte de sus afluentes pirenaicos (Aragón, Gállego…). Su régimen es pluvio-nival y presenta cortos estiajes. Sus afluentes ibéricos (Jalón) son más pobres.
RÍOS CATALANES. Los que nacen en los Pirineos son más caudalosos y regulares, con régimen pluvio-nival. Los que lo hacen en la Costero-Catalana son más irregulares y con menor caudal (Ter, Llobregat).
LEVANTINOS: Ríos cortos, muy erosivos, de escaso caudal y muy irregulares, con prolongados estiajes y espectaculares avenidas relacionadas con fenómenos de gota fría (Turia, Júcar, Segura…) Su régimen es pluvial y está determinado por el roquedo calizo de sus lugares de nacimiento. Tienen gran importancia a efectos agrícolas: riegan las huertas de Valencia, Alicante y Murcia.
MEDITERÁNEOS ANDALUCES: Ríos muy cortos y erosivos (nacen en la cara sur de la Penibética), con caudal pobre e irregular y muy fuertes estiajes: Almanzora, Guadalhorce…
LA RED FLUVIAL INSULAR, CEUTA Y MELILLA Los archipiélagos carecen de auténticos ríos por el clima y la litología. En Baleares hay torrentes activos en otoño y primavera aunque su litología caliza favorece la formación de acuíferos. En Canarias no hay ríos por la aridez de su clima y el carácter permeable del dominio volcánico. En Ceuta y Melilla sólo podemos hablar de una red de arroyos.
3.     Regímenes fluviales predominantes.
Por régimen fluvial entendemos el comportamiento del caudal medio de un río a lo largo del año, es decir, el modo habitual de fluencia de sus aguas. Los regímenes fluviales se clasifican atendiendo a la procedencia de sus aguas. Distinguimos un régimen pluvial, en el que el agua procede directamente de la lluvia, y un régimen nival, en el que ésta procede de la fusión de las nieves.
En el pluvial el tiempo que media entre la caída del agua y su evacuación por los ríos es muy escaso. En el nival pueden transcurrir varios meses, pues depende del momento en que se fundan las nieves. Entre unos y otros regímenes existen situaciones intermedias según predomine la nieve o el agua.
La mayoría de los ríos españoles son de alimentación pluvial, pero se observan distintos regímenes según la variedad climática de la Península. Encontramos así:
1. Régimen pluvial oceánico. Se caracteriza por la abundancia de aguas durante todo el año y por su regularidad. No tienen grandes crecidas ni estiajes, como corresponde a las precipitaciones del clima atlántico. A este tipo pertenecen los ríos cántabros y gallegos.
2. Régimen pluvial subtropical o mediterráneo continental. Es propio de la España interior o seca, en las que la precipitación anual es reducida, está mal distribuida y la aridez estival es muy pronunciada, acrecentada por las altas temperaturas. Las diferencias de caudal anual son notables, lo que permite apreciar dos estaciones contrapuestas. La de abundancia de aguas (otoño-invierno) y la de estiaje.
3. Régimen pluvial mediterráneo. Registra un máximo principal en otoño y otro secundario a finales de invierno-primavera, destacando un mínimo estival menos acusado que en el régimen continental.
4. Régimen nival. Se limita a las cumbres centrales pirenaicas. Su característica principal es la de ofrecer un régimen muy simple, con una estación de elevado caudal a finales de primavera y verano, y un prolongado estiaje durante los meses en los que se mantienen las nieves. En las zonas adyacentes a las grandes cimas aparece el denominado nival de transición.
5. En el resto de montañas que acumulan nieve durante varios meses (Cordilleras Central e Ibérica y Sª Nevada), surgen los regímenes nivo-pluvial y pluvial-nival, muy parecidos al nival, sólo que con crecidas de caudal levemente anticipadas en el tiempo.  Estos regímenes se presentan puros sólo en ríos cortos.
4.     Los humedales: lagos y lagunas
    Las zonas húmedas incluyen lagos, lagunas, albuferas, marismas... Las características del clima y el relieve español no favorecen su existencia –o al menos permanencia-, por lo que son escasas pero de un alto valor ecológico. Lagos y lagunas son masas de aguas formadas por la acumulación natural de agua en zonas deprimidas de la superficie, teniendo los lagos mayor extensión.
En España existen numerosos lagos y lagunas pero, por lo general son pequeños y tienen un carácter estacional ya que su alimentación suele ser pluvial. Según su origen podemos distinguir tres tipos:
*Origen endógeno. Son los originados por los movimientos y fuerzas internas de la tierra. Podemos distinguir los tectónicos, formados por bloques hundidos del terreno, caso de la Laguna de La Janda (Cádiz). Los Volcánicos  son los que ocupan antiguos cráteres erosionados: Lagunas del Campo de Calatrava o Laguna de Fuentilluejo en Ciudad Real.
*Origen exógeno. Se producen por la acción de los agentes erosivos sobre la superficie (agua, hielo…) al excavar concavidades. Entre distinguimos: ·Lagos glaciares, originados en zonas erosionadas por la acción del hielo de antiguos glaciares: lagos pirenaicos, -llamados ibones como el Sant Maurici-, de la Sierra de Gredos, Cantábrica (Lagos de Enol) o Montes de León, al que pertenece el lago de Sanabria, el mayor y más profundo de España. ·Lagos Kársticos, formados en zonas afectadas por la disolución de las calizas: Lagunas de Ruidera; ·Lagos arréicos, que son los más comunes. Se forman en las zonas hundidas de las tierras llanas (endorréicas) del interior peninsular, caso de las Tablas de Daimiel; ·Lagos eólicos, originados en cuencas originadas por la erosión del viento: Lagos del Ampurdán en Girona.
Mención especial merecen las Lagunas litorales formadas en la costa, sobre todo las albuferas y marismas. Las albuferas son lagunas de agua salada o salobre separadas del mar por un cordón de arenas aunque conserva comunicación con él por uno o  más puntos llamados graos. Se formas por colmatación de una antigua bahía con los aportes de sedimentos fluviales y marinos  (Albufera de Valencia, de Mallorca…). Por su parte, las marismas son lagunas formadas a expensas de zonas bajas, a veces separadas del mar por cordones de dunas litorales y alimentadas por pequeños cursos fluviales y las aguas de las mareas altas.
*Lagos Mixtos: se crean por la combinación de dos o más factores. Es el caso del lago de Banyoles, que tiene a la vez un origen tectónico y kárstico.
5. Las aguas subterráneas
Son los recursos de agua infiltrados en el terreno, cuando este es permeable, y retenidos en el subsuelo sobre una capa de roca impermeable. Si se acumula un volumen importante de agua embalsada se le denomina acuífero. Suelen ser importantes reservas de agua y origen de manantiales y surgencias.
La existencia de acuíferos depende de la naturaleza litológica del terreno. En las zonas silíceas prácticamente no hay grandes acuíferos. Sin embargo, en las calizas abundan los acuíferos de gran extensión y espesor. Las depresiones arcillosas de muchos grandes ríos (Ebro, Duero, Tajo, Guadiana y Guadalquivir) están rellenas por materiales detríticos y albergan acuíferos de mediana productividad. En los archipiélagos la mayor parte de sus recursos hídricos procede de los acuíferos, debido a la permeabilidad de las rocas calizas (Baleares) y volcánicas (Canarias). En ambos casos están en grave peligro por sobreexplotación.
Las aguas subterráneas contenidas en los acuíferos constituyen recursos de gran importancia, sobre todo en las regiones de escasa pluviosidad, y son objeto de una intensa explotación en España.

6. El aprovechamiento de los recursos hídricos: la incidencia de la sequía y las lluvias torrenciales.
España tiene una larga tradición en el aprovechamiento de los recursos hídricos, ya que en la España seca son un bien escaso, a la vez que vital, tanto para el consumo humano como para la actividad agraria, sin olvidar el aprovechamiento de las aguas para las actividades industriales o turísticas.
En los años 80 el problema de la contaminación de las aguas y la explotación indiscriminada de los acuíferos pusieron de relieve la falta de una buena ley de aguas. Esta, aprobada en 1985, procede a declarar de dominio público todas las aguas superficiales y subterráneas. La actual Ley de Aguas (con modificaciones posteriores) es de 2001 y se complementa con el Plan Hidrológico Nacional.
Para hablar del aprovechamiento de los recursos hídricos debemos ver primero de dónde son obtenidos y, después, cómo se consumen y utilizan.
Los principales recursos hídricos son los obtenidos de los ríos, pero hay otros, destacando:
- Los acuíferos subterráneos, especialmente en Levante, el sur, Baleares y Canarias.
- Algunos lagos pirenaicos para producir energía hidroeléctrica.
- El agua del mar y la salobre se aprovechan mediante la técnica de la desalación. España ocupa el primer puesto en la U.E. con más de 700 plantas desaladoras, localizadas en las zonas más deficitarias: Ceuta, Canarias, Baleares, Alicante, Murcia y Almería.
Por su parte, en España las cifras de consumo de de agua por persona están entre las más altas de Europa y éstas van en continuo aumento. La demanda de agua en España supera los 30.000 hm3 anuales, distribuidos en estos usos:
• Usos agrarios. La irregularidad y escasez de precipitaciones hacen necesario el regadío en muchas zonas agrarias. Este supone un alto consumo de agua (más del 80% del total) potenciado por el empleo de técnicas y métodos poco adecuados.
•Abastecimientos urbanos e industriales. El urbano viene a suponer el 14% del consumo total y la industria también consume gran cantidad de agua, en torno al 7% del consumo total.
• Uso energético, para centrales hidroeléctricas, térmicas y nucleares.
• Usos relacionados con las actividades terciarias, donde destaca el turismo, ya que el aumento de población en zonas turísticas en temporada alta multiplica el consumo de agua y muchas actividades turísticas (parques acuáticos, campos de golf…) generan un gran consumo.
•Los usos domésticos.
También hay usos no consumidores de agua, caso de la pesca, la acuicultura, la producción hidroeléctrica, la navegación y los deportes náuticos.

Los recursos hídricos en España serían suficientes para cubrir la demanda si los considerásemos a nivel global, pero hay un déficit hídrico debido a los siguientes problemas:
La irregular distribución de los recursos. Debido al clima hay grandes diferencias entre las zonas secas y las húmedas. Los climas oceánicos y de montaña proporcionan agua suficiente y bien distribuida a lo largo del año. Por contra, los mediterráneos y el canario ofrecen lluvias muy irregulares y, a menudo, insuficientes o torrenciales. Por eso en muchos momentos hay déficit hídrico y en otros un exceso de agua que no se puede aprovechar.
La irregular distribución de la demanda. Algunas de las zonas más pobladas y desarrolladas económicamente son deficitarias en agua, que sin embargo sobra en zonas de menor desarrollo.
Así, la Cuenca Norte tiene superávit hídrico (posee 1/3 de los recursos hídricos españoles), mientras la cuenca del Pirineo Oriental (que abastece al área metropolitana de Barcelona), Canarias y la Cuenca del Segura presentan los mayores déficits, seguidas del resto de cuencas levantinas.
Ello es un problema porque la periferia mediterránea presenta altas densidades demográficas y concentra actividades que demandan mucha agua: industria, agricultura intensiva, turismo…
La insuficiencia de los embalses y las pérdidas de agua. Se estima que entre el 50 y el 70% del agua se pierde por fugas, evaporación… Además, el regadío presenta un ineficiente uso del agua.

Señalar, finalmente, los problemas que la escasez aguda o el exceso puntual del agua pueden provocar en relación con la incidencia de la sequía y las lluvias torrenciales.
Estos fenómenos pueden considerarse riesgos climáticos de gran incidencia en España, sobre todo en las áreas de clima mediterráneo y, especialmente, en todo el arco costero dominado por él.
Los largos períodos de aridez estival son propios del clima mediterráneo y nuestro país es proclive a sufrir períodos de sequía interanual más o menos prolongados. Ello tiene que ver con la dinámica atmosférica y los cambios de ubicación del anticiclón de las Azores, que determina que nuestro territorio quede o no afectado por las borrascas del oeste ligadas al Frente Polar.
La incidencia de las sequías es mayor en la zona oriental y meridional de la Península, sobre todo en el sureste español. El problema es preocupante, pues el riesgo de sequía aumenta con el cambio climático y con el incesante crecimiento de las necesidades de agua. Las sequías, además, tienen consecuencias muy negativas sobre las actividades económicas, la población y los sistemas naturales.
Por su parte, las lluvias torrenciales -ligadas al fenómeno de las inundaciones- son comunes a todo el territorio español, aunque son también más frecuentes en la vertiente mediterránea.
En las cuencas mediterráneas las lluvias torrenciales suelen ir asociadas a fenómenos de gota fría otoñal, provocando frecuentes inundaciones y grandes pérdidas en zonas muy pobladas o de gran valor agrario (Cataluña, Levante, Andalucía oriental).
En el resto de las grandes cuencas hidrográficas las lluvias torrenciales se asocian a temporales de otoño y primavera tras un largo episodio de lluvias, ayudados a veces por el deshielo de las nieves

viernes, 18 de noviembre de 2016

Climogramas comentados





SAN SEBASTIÁN
A)   Observamos la temperatura media anual. En este caso es de 14,4º C. Con los datos de la taba nº 1 deducimos que se trata de un CLIMA TEMPLADO-FRÍO y, por tanto, reducimos las posibilidades al dominio de los climas oceánicos o al de los mediterráneos continentalizados (también podría ser un mediterráneo marítimo muy septentrional. La duda la resolveremos con el resto de los datos).
     2º: Analizamos las temperaturas del verano y el invierno.
     VERANO: Observamos que hay cuatro meses por encima de 18º C, y por tanto supera los tres que se requieren para hablar de verano. De ellos, ninguno supera los 22º C, por tanto no hay meses calurosos; y sólo dos meses sobrepasan la media mensual de los 20º C, correspondiendo a julio y agosto que son los meses más cálidos. Por tanto debemos hablar de un VERANO CORTO Y SUAVE.
     INVIERNO: Apreciamos que hay tres meses (diciembre, enero y febrero) con temperaturas medias mensuales inferiores a los 10º C, por tanto confirmamos la existencia de invierno. Sin embargo no hay ningún mes que esté por debajo de 6º C (el más frío es enero con 8,6º C), por tanto afirmamos la existencia de un INVIERNO CORTO Y SUAVE.
     3º: Oscilación térmica.  El mes más cálido es agosto (ello es habitual en el norte) con 21º C y enero tiene la temperatura media más baja con 8,6º C, por tanto la amplitud u oscilación térmica es de 12,4º C, que según la tabla nº 4 podemos calificar de media-baja –casi baja-. Esto nos está hablando de un clima con una clara influencia marítima, que de manera general se traduce en un verano e invierno suaves, ya que aquella regula y suaviza las temperaturas, reduciendo así la amplitud térmica.
Esto lo confirmamos apreciando la altitud del observatorio meteorológico, ubicado en este caso a sólo 8 metros sobre el nivel del mar.
     4º: ANALIZAMOS LAS PRECIPITACIONES.
     Atendemos primero al volumen total de las mismas. En este caso es de 1.378 mm, lo que nos está hablando claramente de un CLIMA MUY HÚMEDO. A partir de aquí deducimos que podría ser oceánico o de montaña, pero la existencia de inviernos suaves descarta esta última posibilidad y, por tanto, llegamos ya a la conclusión de que estamos ante un clima OCEÁNICO PURO
     Primero apreciamos la existencia y distribución de meses húmedos y secos. En este caso todos los meses superar ampliamente los 60mm de precipitación (junio, el que menos con 96mm), por tanto afirmamos que TODOS LOS MESES SON HÚMEDOS, confirmando que estamos ante un clima húmedo.
      Vemos después cómo se distribuyen las precipitaciones estacionalmente. Dado que aquí todos los meses son húmedos no hay ninguna duda para afirmar que hay una DISTRIBUCIÓN REGULAR DE LAS PRECIPITACIONES, que nos ofrecen sus máximos en otoño-invierno (máximos de octubre a febrero), con un máximo secundario en primavera (abril con 168 mm) y una clara disminución en verano, sin que en ningún momento se pueda hablar de sequía estival ni aridez.
La distribución de precipitaciones nos habla de lluvias de carácter frontal ligadas a las perturbaciones del frente polar.
Con todos estos datos: Clima templado-frío de inviernos y veranos suaves, con reducida oscilación térmica muy húmedo y sin aridez estival, deducimos que estamos ante un CLIMA OCEÁNICO PURO.
Las coordenadas nos ubican muy al norte, concretamente en la costa oriental del cantábrico, concretamente en Guipúzcoa y, más concretamente, SAN SEBASTIÁN.


TEMPERATURAS
·Temperatura media anual: TABLA 1: 17,6º C ……..  Tabla 1 (entre 15-18º C)  Clima Templado-cálido, MEDITERRÁNEO
·Temperaturas mensuales:
Ø  Meses cálidos: TABLA 2. Para determinar el tipo de verano. Hay 6 meses por encima de los 18º C. De ellos, 4 (de junio a septiembre) están por encima de los 22º C. Esto quiere decir que hay un verano largo y caluroso, con dos meses –julio y agosto- que superan los 25º C, por tanto, muy calurosos.
Ø  Meses fríos: TABLA 3. Para determinar el tipo de invierno. No hay meses fríos (ninguna está por debajo de los 6º C). Además, sólo 1 –enero- tiene una media mensual por debajo de 10º C, por tanto sólo él sería de auténtico invierno. Conclusión, este clima tiene un invierno muy corto y suave.
·Amplitud térmica: TABLA 4. Para determinar la mayor o menor continentalidad. Temperatura del mes más cálido (julio) 27,2º C, menos temperatura del mes más frío (enero) 9,2º C. Amplitud: 18º C Media-alta. Eso quiere decir que este clima presenta ya ciertos rasgos de continentalidad, o lo que es lo mismo que debe estar alejado de la influencia oceánica (interior)
PRECIPITACIONES
· Total de precipitación anual medio: TABLA 5.  536 mm. Clima semiseco o semiárido
·Régimen de precipitaciones: TABLA 6
Ø  Meses húmedos: (Por encima de 60 mm). Hay 5 meses húmedos: Enero, abril, octubre, noviembre y diciembre. Esto quiere decir que las precipitaciones se concentran en otoño e invierno con un mínimo secundario en primavera. Deben ser lluvias de Frentes asociadas al paso de borrascas. La altura del lugar (90 m) no permite hablar de lluvias orográficas.
Ø  Meses secos: Se calculan a partir del índice de aridez: P < 2T. (También podría observarse directamente en el climograma, donde los meses áridos deben ser todos aquellos donde la línea de las temperaturas supera la barra de las precipitaciones). Esto se cumple en los cinco meses que van de mayo a septiembre. Esto confirma que estamos ante un clima semiárido.
· Otras conclusiones a partir de las precipitaciones: Al haber más de 3 meses consecutivos secos deducimos que la distribución de las precipitaciones es irregular. Los bajos niveles entre junio y septiembre nos hablan de una fuerte sequía estival.
EN RESUMEN: Es un clima mediterráneo cálido, de veranos largos y calurosos, inviernos cortos y suaves y una amplitud térmica media-alta, rasgos  que nos indican una cierta continentalidad o, al menos, que estamos ante un clima de interior. Es, además, un clima semiseco no demasiado acusado, con lluvias irregulares de otoño e invierno y fuerte sequía estival. Todo apunta a que es un:
 CLIMA MEDITERRÁNEO DE INTERIOR DEL VALLE DEL GUADALQUIVIR. (CÓRDOBA)


La temperatura media anual es de 17,9º C, lo que permite calificarlo de TEMPLADO-CÁLIDO, siendo un claro ejemplo de MEDITERRÁNEO.
VERANO: Aquí encontramos ya seis meses que superan los 18º C, lo que nos habla de un VERANO LARGO. De ellos, cuatro –de junio a septiembre- son calurosos al superar los 22º C y los dos centrales –julio y agosto- muy calurosos al superar los 25º. Por lo tanto el verano lo calificamos también de CALUROSO.
Por el contrario, en INVIERNO ningún mes está por debajo de los 10º C, lo que significa que no tiene un auténtico invierno, por tanto descartamos confirmar que tenga meses fríos. En este caso diremos que tiene un invierno MUY CORTO Y TEMPLADO.
Esta dualidad de veranos calurosos e inviernos suaves es características de los climas mediterráneos no continentalizados. En este caso la oscilación o amplitud térmica es de 14,1º C (25,9º C – 11,7º C), media-baja, lo cual nos induce a pensar que estamos ante un clima de evidente influencia marítima, hecho que queda confirmado cuando apreciamos que se ubica a sólo 3 metros sobre el nivel del mar.
El total de precipitación anual es de 427mm, lo que nos sitúa ante un clima  SEMISECO de precipitaciones reducidas. Es muy revelador que sólo un mes –octubre- sea húmedo y cuatro sean secos, lo que nos habla de clima semiárido de PRECIPITACIONES IRREGULARES. Los meses de mayo a septiembre manifiestan una clara aridez estival, que se confirman en la visión del climograma y en la aplicación del índice de Gaussen.
Los máximos de precipitación se dan en Otoño –máximo en octubre-, lo que es muy característico de los mediterráneos levantinos y de Baleares. Serían precipitaciones convectivas asociadas a situaciones de Gota Fría a principios del otoño.
Todas estas características nos hablan de un MEDITERRÁNEO PURO.
 La latitud y, sobre todo la longitud, nos sitúan en Baleares, concretamente en PALMA DE MALLORCA.



VALLADOLID
CIUDAD REAL
Temperatura media anual: 12,3º C: Templado frío
Temperatura media anual: 14,7º C: Templado frío
VERANO: 4 meses con más de 18º C, 2 superan los 20º C y ninguno supera los 22º C (ello debido a la latitud y la altura de la submeseta norte que rebajan las temperaturas). Hemos de hablar de un verano largo, no caluroso, aunque más que en zonas costeras
VERANO: También hay cuatro meses que superan los 18º C, pero aquí todos superan ya los 20º C y uno de ellos, agosto, está por encima de 25. Por tanto podemos hablar de verano largo y caluroso. La diferencia con el anterior la da que está a menor latitud y menor altura
INVIERNO: hay 5 meses de invierno (menos de 10º), siendo dos de ellos (diciembre y enero) fríos, pues están por debajo de los 6º C. Por lo tanto el invierno es largo y frío
INVIERNO: 4 meses de invierno (<10º C) pero sólo uno de ellos (enero) es frío. Por lo tanto podemos hablar de invierno no muy frío, en todo caso menos que en la submeseta norte.
OSCILACIÓN TÉRMICA: 21,7º - 4º= 17,7º C Oscilación térmica rozando la muy alta
Indica una evidente continentalidad
OSCILACIÓN TÉRMICA: 25,4 – 5,7 = 19,7º C
Oscilación térmica rozando la muy alta
Continentalidad (muy escasa influencia marítima)
Precipitaciones: 435 mm : Clima seco
Precipitaciones: 396 mm : Clima  muy seco
Precipitaciones irregulares. Más de tres meses consecutivos secos. Máximo en diciembre (precipitaciones de otoño-invierno)
Ni un solo mes húmedo (todos por debajo de los 60mm, aunque sólo tres están por debajo de 30mm (secos). ) Esto es indicativo de climas continentalizados
Precipitaciones irregulares. Más de tres meses consecutivos secos. Lluvias de otoño invierno, con un repunte en primavera. Tampoco aquí hay meses húmedos, pero cinco de ellos están por debajo de 30 mm, lo que nos permite hablar de un clima claramente semiárido
Aridez estival: De junio a septiembre. Larga
Aridez estival: De junio septiembre. Larga
MEDITERRÁNEO CONTINENTALIZADO DE LA SUBMESETA NORTE
MEDITERRÁNEO CONTINENTALIZADO DE LA SUBMESETA SUR